sábado, 29 de septiembre de 2007

La isla sin nombre




Llegué a esta isla a través de un sueño, sin saber cómo. Me vi huyendo del verde opresivo de una selva, y alguien, tal vez sólo el espectro de un pasado caníbal, seguía mis pasos, y yo necesitaba abrirme paso hasta la playa. La persecución cesó con el rumor turquesa del mar, y junto a su orilla un personaje sentado realizaba su tranquila, acompasada labor sin pausa. Era un anciano terso, tostado y de fibrosa alegría. La blancura de su turbante y su taparrabo a la manera hindú contrastaba con su bronceado gesto, que se afanaba en golpear una gran piedra incrustada a su vera.

-¿Ves esta piedra?- me preguntó al acercarme, sin dejar de arremeterla ni de sonreír. Asentí con la cabeza.-Llevo años dale que te pego, pero creo que voy a conseguirlo. ¿Gustas?

Tomé aquel tosco martillo atado burdamente a un hierro, carcomido y romo, y lo dejé caer contra el saliente calizo, sin mucha convicción. Sin embargo, continué con una inercia dichosa, relajante y despreocupada, mientras el viejo, puesto en pie, saludaba, cientos de huellas adelante junto a la orilla inabarcable.

Desde entonces vuelvo aquí cuando lo necesito, golpeo la roca un tiempo, me tumbo en la arena solitaria y aspiro el espumaje de las olas. El viejo no debe de vivir aquí, pues no he visto embarcación alguna, ni señales de fuego, o una choza rala de hojas de palmera. Quizá venga sólo a refugiarse también, aunque me pareció en sus ojos que el miedo era para él una sensación antigua, de una adolescencia remota que le haría reír.

martes, 25 de septiembre de 2007

La Entrevista


El autor de "Perlas en el ático" ha dejado por un momento sus quehaceres para dedicarnos una entrevista, que incluiremos en la serie "Escritores de hoy", de nuestro suplemento de lectura. Nos recibe en un piso suburbial bajo, pequeño y desordenado, alrededor de la mesa que preside el salón, forrado con pilas de libros. "Aquí es donde como y donde escribo", nos aclara. Parece recién levantado aunque, según él, procura madrugar. Tomamos un café casero(recalentado)mientras nos invaden los ruidos del tráfico y los olores a frito por entre unas paredes de papel. Nos permitiría fumar sólo en el balcón (pero apenas si cabe la pequeña palmera) o si trajeramos buen tabaco de pipa, así que desistimos y pasamos al cuestionario.


¿Cómo se autodefine Rafael Martín?
Me parece una pregunta algo ofensiva para comenzar, porque definirse también es limitarse. Yo prefiero que me definan, mejor, que opinen los demás, aunque las veces en que esto ha ocurrido no fueron en su mayoría para decirme bonito, y los halagos me irritan, no me los creo. Intento reinventarme a menudo, y no sabría ser objetivo: un día me detesto, otros me soporto...


¿Desde cuándo escribes?¿Y por qué comenzaste a escribir?
Yo creo que a escribir, con una intención clara, de usar la escritura con fines no "escolares", comencé a los ocho años más o menos. La culpa la tuvo un enamoramiento. La verdad es que una timidez extrema, que me acompañaría durante muchos años, obligaba a buscar artimañas para comunicarme con los demás y conmigo mismo. Inventaba guiones para juegos de mesa, otros parecidos a lo que hoy llaman "de rol", y redactaba cartas de amor que luego censuraba por vergüenza, y que casi nunca entregaba, los inevitables "mi diario" de cuatro días... Hasta que irrumpió la poesía en mi vida, sobre los quince años, más o menos, y ya supe que la vocación literaria iba a encontrarme, daba igual dónde huyera.


¿Cuáles fueron tus lecturas de infancia?
De todo un poco, fui un lector voraz, que leía lo que había en casa de mis padres, fuera para adultos o no. Recuerdo con cariño los clásicos de Verne ilustrados, la isla de Stevenson, una enciclopedia de medicina, otra universal muy buena, de Herder, con
las tapas remendadas mil veces, los libros de misterio de "los cinco investigadores", que me regalaban si caía enfermo, cómo no "Robinson Crusoe", un recetario enorme de cocina, con fotos en technicolor, los periódicos de mi padre, algún tebeo de vez en cuando, de todo un poco.


¿Cuáles fueron o son los autores que alimentaron tu espíritu creativo?
La verdad es que siempre he sido un poco distraído. Entonces la creatividad, más que surgir de repente, es un hilo que uno interrumpe con disgusto para hacer otras cosas.
Un prospecto de medicamento leído en el váter, o una noticiaabsurda del periódico pueden llevar a un cuento o un poema. Si tuviera que señalar nombres, aparte de esas lecturas de infancia, yo diría que Quevedo, Garcilaso, Lorca, Rubén Darío y Juan Ramón, Neruda, en un principio, en cuanto a poesía, para llegar a Octavio Paz, o a
Martí i Pol. Después Cervantes, Borges, Cortázar, Cela, Martín-Santos, Marsé, Sábato, habría un largo etcétera, Vargas Llosa, Kafka; pero en general y para resumir, prefiero lo clásico a lo contemporáneo. Encuentro cosas maravillosas en escritores considerados "menores", al igual que en los grandes siempre hay pifias, o parrafadas inabordables, sobre todo en los más prolíficos.


¿Cómo fue la decisión de publicar?
Bueno, yo creo que en el fondo, quien escribe siempre lo hace para publicar. Escribir no deja de ser un acto de comunicación. El más íntimo diario "privado" es una conversación interior con un público que somos nosotros: personas diferentes además a lo largo del tiempo, hay remitente y remite. Quien decide no publicar no es porque no quiera, más bien es por honradez (para qué hacer el ridículo con un pobre borrador)o por miedo al público (quién va a quererme cuando vea lo que escribo, o las editoriales sólo buscan a gente consagrada, cosas comerciales...). En una ocasión, cuando estaba comenzando en esto, hace ya bastantes años, una editorial pequeña me atendió para decirme que aquello que envié no estaba mal, tenía la calidad suficiente, podían hacer un esfuerzo y coeditarlo. Sin embargo, el editor, muy razonable, me dijo: "en este país se publica muchísimo y se lee poco, y tú no tienes un nombre conocido. Ya sabes que tu libro pasará sin pena ni gloria, unas cuantas semanas, por las librerías ¿crees que vale la pena hacer el esfuerzo?".

Han pasado muchos años, y tenía razón. La verdad es que el libro no era malo, pero sí estaba verde. Hice bien en no publicar. Ahora, en cambio, con el sistema de Lulu.com, ya no me siento culpable. Han cambiado los sistemas, existe el libro electrónico, una autoedición accesible y más universal. Yo soy mi propia editorial, controlo todo el proceso. Los proyectos que he ido madurando durante años toman forma y se caen del árbol. Y es un poco lo que ha pasado con "Perlas en el ático". Una vez el plato está cocinado y listo, decido si lo doy a probar a un jurado de concurso, a una editorial,
o me lo como yo mismo. Lo importante es disfrutar en la cocina y que quede rico.


¿Se lo habías dado a leer a alguien?
El libro entero la verdad es que a nadie. Pero muchos de los cuentos sí que habían sido leídos por amigos, algunos publicados en internet, (versiones más primitivas) y otros son fruto de mi participación en talleres literarios (Fuentetaja, por ejemplo) y tuvieron sus comentarios por profesores y compañeros.


¿Qué público tenías en mente cuando lo escribiste?
No suelo escribir pensando en nadie en particular, y la verdad es que es una primera experiencia esto de lanzar una obra al gran (o pequeño) público, que un desconocido cualquiera pueda leerte. Mejor que la gente -que espero que sea de todo tipo- se defina si le apetece como mi público, pues yo no lo sé. Cuando escribo intento quedarme satisfecho yo como lector, que ya es mucho. Luego uno supone que, porqué no, a los demás también podría gustarle. Pero ese es otro cantar.


¿Cómo surgió el título del libro?
El título es el de uno de los cuentos de la serie. Es un pequeño homenaje a mi bisabuelo, y a mi familia en general. Celebro ese momento de la infancia en que uno elige los colores para pintar el mundo. Encontré un poco la semilla biográfica que me decantó hacia la escritura, a cierta visión de las cosas, y que también aparece en otros cuentos aunque en otras épocas de mi vida.


¿Cuál es tu cuento preferido?
Pues así a bote pronto no te sabría decir. Cada uno supone un intenso ejercicio de implicación, al margen de que queden más o menos redondos al final, y uno quiere a sus hijos guapos, pero no menos a los feos. Quizá, también para no mojarme, diré que el último de la tabla, por eso de que como sabrás, sólo lo he transcrito y estoy a la espera de que aparezca su dueño, el verdadero autor.


¿Los escritores deben ser comprometidos cuando escriben?
Bueno, sobre esta vieja discusión se opinará toda la vida. Yo prefiero decir que me comprometo con lo que escribo en ese momento. Me comprometo con mi visión, ya sea fantasiosa, evasiva, política, poética... Creo que la denuncia social o política no siempre es útil desde el punto de vista estético, ni tampoco político. Hace más daño, o provoca más interés a veces algo sutil o imaginativo, que una declaración de intenciones descarada, que acaba siendo un panfleto, con su pequeño parroquia entregada o en contra. Una palabra justa, o un sencillo acto, en el momento adecuado, pueden más que un millón de firmas o caceroladas.


¿Cuáles son tus futuros proyectos?
Sacar a la luz lo que rebosa del tintero. Lo más inmediato es una novela interminable que me persigue desde hace años, y un poemario que me apetece diseñar un poco diferente, especial, puede que con ilustraciones. El que menos me incordie acabar de corregir será el próximo libro. Ya os lo haré saber si aún tenéis interés...


Texto: Aurora Vargas

Fotografía: Mario Moliner

miércoles, 5 de septiembre de 2007

De Vuelta

Vuelvo. Puede que con el miedo en el
cuerpo. El mar es demasiado grande, y
la mirada de la gente indica que no
acepta a quién no sepa nadar. Vuelvo
sin muchas correcciones, de a poco, con
las fuerzas justas y despegado del
amado manuscrito en papel.Pero siempre
he sido un objeto más en ese océano. A
veces moviéndose, otras inerte, arena,
alimento leve de medusa, algo que se
desleía en el oscuro fondo.A qué tener miedo entonces. A no
recordar quizá el presente, ni porqué
hacemos las cosas. Menos mal que su lengua rápida e
indescifrable, su idioma que ríe y
llora con igual facilidad, y sus
juegos, tan serios como efímeros, me
devuelven a la tierra.

P.D. : también está la música. Leonard
Cohen, "Ten new songs".

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