Nacer
Para OlgaPor fin volvía a casa, agotada y herida, pero victoriosa. Había ganado la batalla más importante, la última. Quedaba enfrentarse a su nueva apariencia, esta vez sola. Cara a un espejo frío, que no la reconoció, se desnudó despacio, como ante un juez o un extraño. Una mirada renacida le desveló a otra mujer. Era una completa amazona, de fuerza y hermosura sin par. Con tanta vida por delante que ahora no sólo podía oler las rosas, sino hasta los bombones que invadían el comedor.



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