El rayo cristalino
El consejo de ministros escuchó preocupado el informe del titular de Medio Ambiente. Un ejército de medusas se disponía a invadir las playas del país en verano. Apenas quedaba tiempo, y después de las vacaciones generalizadas que hacía la mayoría de la población, vendrían unas nuevas elecciones. ¿Qué pasaría con el turismo y con los votantes si nadie podía bañarse seguro, en medio de un calor insoportable?El plan necesitaba de la colaboración de la Marina Mercante, del ejército, de la Guardia Civil y de una red de colaboradores voluntarios, estimulados con una camiseta tipo "vigilante de la playa", y un arma especial -red más palo- para capturar aquellos monstruos. Una pegada de pasquines donde se explicaba la cura de urgencia tras un ataque cnidario, avisos de avistamiento por sms, vía web, correo electrónico, fax o telégrafo, completaban el escudo de choque.
Sin embargo, a pesar del despliegue perfecto y masivo, la gran leva de cazadores voluntarios y los espías y radares en el mar, nadie oteaba los urticantes dentro de las aguas costeras. ¿Eran equivocados los informes? ¿Habían virado el rumbo hacia otro país menos afortunado? ¿Se habían disuelto misteriosamente en el agua?
Los científicos protestaron porque no había ninguna duda de la plaga, y era peligroso bajar la guardia, pero los turistas abarrotaban las playas y quedaba un poco ridículo tanto despliegue inútil, y la “alarma social” era un argumento que la oposición podía usar de igual forma que la falta de presupuesto...
La plusmarca mundial de consumo de sangría y cerveza siguió su curso, en medio de unas temperaturas extremas que comenzaban a ser la tónica de cada año, pero por suerte había mar para todos en la bendita península. La siesta y la modorra de agosto despertaron, sin embargo, al capitán de una fragata que patrullaba en el estrecho. Un gran objeto de naturaleza extraña se movía hacia el nordeste, a gran profundidad. No existía artilugio mecánico conocido, ni Titanic fantasma ni submarino nuclear, como tampoco Moby Dick o leviatán, de semejante tamaño. Vía satélite se distinguía más bien una leve mancha kilométrica, un aceite aturquesado que se ampliaba como una extensa red en dirección a la costa.
El capitán Machuco se indignó con la respuesta de sus superiores, que obedecían sólo a criterios políticos y comerciales. El Ministerio no podía sembrar el pánico en una zona donde se celebraba una importante regata internacional, ¡y el barco de casa estaba a punto para un desempate que le otorgaría la victoria! Unos cuantos reactores y un par de patrulleras de refuerzo iban a ser suficientes ante la amenaza de una manchita, una de tantas, en la mar.
Los veleros en brega avanzaban con sus mejores maniobras un día radiante y con viento suave pero estable, sorteaban las boyas amarillas con el júbilo de los espectadores del puerto, los de la televisión y los de los barcos lujosos que se encajaban en las cercanías del tablero plateado. De repente un remolino inesperado provocó el choque de las dos embarcaciones que competían por la gloria, en pocos segundos fueron tragadas por un mar transformado en sumidero, luego siguieron los yates de recreo, las patrulleras y la señalización que rodeaba la entrada al puerto. Desapareció todo en unos instantes, como si nunca se hubiera celebrado nada allí, como un colofón de cisterna que desagua. Al poco una masa informe, como un plástico gelatinoso que no mostraba límites, emergió con los restos que no había digerido y emitió una descarga luminosa, para desaparecer de nuevo en las profundidades.
Las autopsias revelaron parálisis por una picadura venenosa y eléctrica, o simples ahogamientos. Ni los expertos ni los periodistas han ratificado un dictamen unánime sobre qué pudo haber sido la causa del desastre: una medusa colosal, de la especie crin de león (Cyanea capillata), que quizá habría mutado en aguas más cálidas; una especie nueva, depredadora y ciega, que originaria de fondos abisales, se hubiera perdido en la superficie; la simple reunión de millones de medusas en una estrategia de gran cardumen; otro ser, cómo no, venido del espacio exterior... Sin embargo, hubo un grupo de supervivientes a los que no pareció afectar el ataque. Son muy reacios a contar lo sucedido o a someterse a pruebas médicas. Han formado una asociación, digamos que religiosa, o espiritual, y lo que más sorprende es que prescinden absolutamente de hablar entre ellos. Se encierran en locales insonorizados y discretos, se sientan y juntan sus manos en círculo mientras parecen meditar, eso es todo. Algunos vecinos comentan que los aparatos eléctricos sufren desmayos o sobrecarga en esos momentos. Se rumorea que son capaces de entenderse sin palabras, y que desde muchos kilómetros de distancia, sin anuncio previo, se reúnen en un mismo lugar , a una hora exacta, para completar una sentada y un rezo, en un paraje de preferencia aislado, al aire libre. Y que luego acuden formidables nubes cargadas de lluvia.



1 comentarios:
Tienes un aire a Cortazar, me gusta.
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